
Lo que
permanece
Hay imágenes que permanecen, aun cuando pareciera que empiezan a desaparecer.
Trabajo con telas, capas, transparencias y luz. Mis obras no se revelan de una sola vez: cambian con la distancia, el desplazamiento y con aquello que puede verse a través de la trama.
Me interesa ese instante en que una presencia comienza a desvanecerse para empezar a develar lo que viene. Permanece como una huella, memoria o un silencio que todavía habita el espacio.



Apenas
La iluminación posterior transforma la obra y permite dejar que aparezcan nuevas profundidades.
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Aunque la imagen se transforma,
hay una presencia que siempre regresa:
El árbol
Antes de convertirse en tramas, transparencias y luz, el árbol fue para mí una forma de llegar a tierra.


Durante años viví con una sensación permanente de movimiento, como si la tierra nunca terminara de quedarse quieta.
Cuando empecé a pintar, aparecieron mujeres en el agua. Así me sentía, atravesada por una experiencia que todavía no podía nombrar del todo.
Hasta que comprendí que necesitaba pedirle al universo algo esencial: llegar a tierra.
Entonces aparecieron los árboles. Y entre ellos, los abedules.
No llegaron como un motivo elegido de antemano. Llegaron como una forma de sostén y de arraigo.
Con el tiempo fueron perdiendo definición, volviéndose más abstractos y silenciosos. Siempre ahí.
Un camino
de regreso
Durante seis años conviví con el Síndrome del Mal de Desembarco (MdDS), una enfermedad que me provocaba una sensación continua de mareo, inestabilidad y movimiento.
Me atendí con los mejores especialistas hasta que desde Estados Unidos me informaron que no tenía cura. Creí derrumbarme.
Sin embargo, algo en mí se negó a aceptar que aquella experiencia fuera definitiva. Decidí ir a lo más profundo de mi Ser, para encontrarme.
La pintura, la escritura, mi determinación y confianza, y distintas ayudas fueron trazando un camino de regreso, como iluminándolo.
Cuando finalmente logré sanar, escribí Desembarco. Un libro que logró convertir lo vivido en testimonio y también en ofrenda: compartir con otros aquello que había aprendido durante el recorrido.
No como una respuesta cerrada, sino como una posibilidad.
Un recorrido por la última muestra

Soy Victoria Cantarelli, artista visual y escribana pública.
Mi práctica artística comenzó durante una experiencia prolongada de enfermedad que transformó profundamente mi manera de percibir el cuerpo, el movimiento y el paisaje.
A lo largo de los años, mi obra pasó de la pintura figurativa a una investigación cada vez más abstracta y espacial, centrada en el paisaje, los árboles, la memoria y la percepción.
Actualmente trabajo con telas, capas, transparencias y luz. Me interesa alejarme de la imagen fija para construir un territorio inestable, donde lo visible nunca se da completo. A través de capas superpuestas de tela y gestos pictóricos orgánicos, la imagen se construye y se disuelve al mismo tiempo, según la distancia, el movimiento del espectador y aquello que puede verse a través de la materia. Algo insiste en aparecer y desaparecer.
Mi formación como coach ontológica también forma parte de este recorrido y de mi búsqueda por acercarme a una expresión cada vez más auténtica.

